El Periódico de Catalunya - Ed. General

Edición del Miércoles 1 de Febrero de 1995

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(NEGRO) - Pub: EL PERIODICO Doc: 00700A Red: 86% Ed: primera Cb: 00 Enviado por: CONTROL Dia: 21/03/1995 - Hora: 10:44 Un taller de lavado de coches que no está limpio de sospecha El alcalde de Tarragona, Joan Miquel Nadal, se siente objeto de una campaña de desprestigio.

   Puede que así sea, ya que la proximidad de elecciones municipales alienta los escándalos. Pero si hubiera evitado el interceder en la concesión de un taller de lavado de coches, ahora, paradojas de la vida, estaría limpio de sospecha.

   Alberdi se opone a legalizar al proxeneta Acorde con la creencia de que la prostitución degrada a la mujer, la ministra de Asuntos Sociales, Cristina Alberdi, se ha movilizado contra el proyecto del grupo socialista que iba a despenalizar la figura del proxeneta, salvo que prostituya a menores y coaccione a alguien para obligarle a comerciar con el sexo. Polémica habemus.

   Las pataletas de un Stoichkov con más premios que goles La última pataleta de Hristo Stoichkov está por llegar, pero la penúltima ya la conocemos muy bien: ayer se hizo el remolón para viajar a Málaga a jugar un partido amistoso y dejó caer que podría abandonar el club cuando acabe la temporada. Y todo porque Johan Cruyff, con buen criterio en esta ocasión, decidió que el búlgaro no viajara el domingo a Lisboa a recoger otro de los galardones que le han concedido. El técnico le obligó a quedarse unas horas más para entrenar, que falta le hace, visto lo que se ve últimamente.

   Stoichkov tan pronto dice que se jubilará en el Barça como que no aguanta más. Y con Cruyff, ídem de ídem, ya que pasa de una relación idílica, como, por ejemplo, cuando recogió el Balón de Oro en París, a una relación de tirantez nada beneficiosa para el equipo.

   ¿Para cuándo conseguiremos ver au nStoichkov adulto de verdad? Alarmas Lo de Mario Conde, todo aquel follón de la gomina, el banco, el yate y los cabreados accionistas, ya no provoca alarma social, dicen los que entienden de alarmas sociales. Y por eso el ex banquero ha vuelto a su chaqueta cruzada y ha podido salir de la cárcel.

   Está bien que haya personas atentas a las alarmas sociales, pero uno sospecha que el pueblo llano ?como dicen los monárquicos? ya no se alarma por nada. Hasta hace media hora los del pueblo llano nos alarmábamos un poco cuando a una de esas alarmas contra robos, esas cosas con luces rojas o amarillas, le daba por sonar, pongamos que a las dos de la madrugada.

   Más que alarmarnos, que también, lo que hacían esas alarmas era interrumpirnos los ronquidos o agudizarnos el insomnio, que es peor.

   Pero ahora ya nos hemos acostumbrado y aunque suene la alarma del banco de la esquina nosotros seguimos impasibles en el pijama de franela, que era el tipo de pijama que no hace mucho le compró al señor Conde su mujer.

   Desde que todos sabemos que las alarmas se disparan solas, es decir, sin necesidad de ladrón o gato encerrado, ya no nos alarmamos. Ni siquiera cuando a un coche aparcado en la calle le da por sonar justo en el preciso instante que pasamos junto a él o lo rozamos sin querer. Antes sí que nos alarmábamos un poco. Nos alarmábamos un poco, acelerábamos el paso y hacíamos así con las manos para que no nos confundieran. Qué tiempos aquellos.

   ARTURO SAN AGUSTÍN Aquí abajo La vida es un jeroglífico S o l u c i ó n : ( S o B r ; a d o S ) .

   .

   .

   S O B R A D O S ROMÁN GUBERN Escritor.

   A la sombra de Mussolini Con la izquierda en pleno desguace autodestructor, sobre el futuro de Italia se proyecta ahora la alargada sombra de los nietos del dictador, que ya no visten uniforme militar, sino trajes de respetables burgueses El feroz asesinato de un seguidor del equipo del Génova a manos de uno del Milán ha evidenciado clamorosamente que las pasiones públicas, en Italia, discurren al margen de los avatares de la política institucional. Porque, a pesar del desgobierno nacional, la economía del país crece, en virtud del incremento de las exportaciones favorecido por la debilidad de la lira.

   La crisis política permanente viene a ser un telón de fondo al que los italianos se han acostumbrado y sus vidas cotidianas discurren con indiferencia hacia la cosa pública, con algunas miradas de reojo hacia las trifulcas parlamentarias. Pocas veces en un país occidental la vida política se desarrolló tan al margen de las realidades sociales cotidianas. Y este divorcio, obviamente, pone en peligro los fundamentos mismos del sistema democrático.

   Esta reflexión resulta obligada tras la clausura del congreso que, formalmente, ha puesto fin al partido fascista italiano, al histórico MSI que fundó Giorgio Almirante, y ha purgado aparentemente de las adherencias mussolinianas a su partido heredero, la Alianza Nacional, que encabeza con extrema habilidad Gianfranco Fini. La continuidad entre los ideales fascistas y el origen de Alianza Nacional es incuestionable, si bien esta continuidad ofrece una amplia gama de matices.

   Entre sus militantes hay quienes admiran con nostalgia a Benito Mussolini, como líder histórico de un pasado irrepetible. Otros admiten su ejecutoria hasta 1938, hasta la proclamación de las primeras leyes racistas, inspiradas por la Alemania de Adolf Hitler. Otros respetan su figura hasta la entrada de Italia en la Segunda Guerra Mundial. Otros se limitan a recordar que en el fascismo se hicieron algunas cosas buenas, como conseguir que los trenes llegaran puntuales. Y otros, finalmente, desearían el retorno puro y duro de la dictadura de Benito Mussolini.

   En el último congreso se ha querido hacer borrón y cuenta nueva con el pasado y, por encima de los acalorados enfrentamientos, Gianfranco Fini ha impuesto su voz, con un compromiso público formal con el régimen liberal y parlamentario. Su gesto ha sido equivalente o simétrico al de los comunistas que echaron por la borda las tradiciones e ideales del estalinismo al fundar, desde los restos del Partido Comunista Italiano, el PDS. A su izquierda brotó el pequeño grupo disidente y recalcitrante de Refundación Comunista, fiel a las viejas ortodoxias. Lo mismo está ocurriendo ahora con los disidentes autoritarios de Alianza Nacional, que van a seguir conservando la llama sagrada de los orígenes.

   Un pintoresco signo de los nuevos tiempos lo ha constituido el cálido aplauso con el que los congresistas de la Alianza Nacional han saludado a la delegación del PDS, sus mayores antagonistas ideológicos, pero que constituyen su extremo simétrico en el arco parlamentario, que también echó por la borda sus dogmas, como acaban de hacer los posfascistas. Por eso Gianfranco Fini pudo afirmar enfáticamente que ese día concluyó la Segunda Guerra Mundial. De modo que hemos tenido medio siglo de guerra sin oír sus cañonazos.

   Gianfranco Fini ha conducido su proceloso congreso con suma habilidad, porque sabe que este paso de funambulista sin red confirma su legitimación nacional e internacional. Lo que tiene hondas implicaciones para el futuro de la desballestada política italiana, pues, en el caótico desbarajuste actual, el único partido que ha demostrado una apreciable coherencia ha sido Alianza Nacional.

   En pleno desorden institucional, atravesado por escaramuzas y tiros por la espalda, cuando la Liga del Norte se fragmentaba y los poscomunistas del PDS se aliaban con los partidos conservadores responsables de la propuesta de recortes a las pensiones de jubilación, Gianfranco Fini ha ofrecido una imagen de continuidad, solidez y orden que ha contrastado con el ruidoso guirigay de la clase política. Y ya se sabe que en tiempos de desorden, son muchos los que añoran el orden. De convocarse ahora nuevas elecciones, no sería raro que Alianza Nacional resultase el partido más votado, por ofrecer un contrapunto llamativo al desorden parlamentario y grupuscular.

   Y Silvio Berlusconi, que aparece ante muchos electores como un mártir de la partitocracia italiana, podría formar con ella una sólida alianza todavía más escorada hacia la derecha que antes. Con la izquierda en pleno desguace autodestructor, sobre el futuro de Italia se proyecta ahora la alargada sombra de los nietos de Benito Mussolini, que ya no visten uniforme militar, sino trajes de respetables burgueses.

   OPUS MEI Solidaridad con la Europa opulenta Las inundaciones que anegan extensas zonas de Francia, Bélgica, Holanda y Alemania nos reconcilian con el medio en que nos ha tocado vivir. Por una vez, las aguas no se desbordan en la Europa desastrada del sur, sino en el mismo corazón comunitario, donde dicen que todo es orden y mesura.

   Que Maastricht se haya inundado resulta muy significativo. Igualmente lo es el desbordamiento del padre Rin, en cuyas orillas, ahora inundadas, se gestó el inicio de la Europa unida. El Rin viene a ser para los europeos lo que el Nilo es para los egipcios.

   Si existiera un centralismo europeo, igual que lo hay en ciertos países, se podría decir que Europa está bajo las aguas. Pero este centralismo está lejos de existir y la realidad es bien diferente en cada zona de la UE. Ahí está el sur de España, sediento y reseco, para el que no valen rezos ni procesiones en rogativa, a punto de agotar sus últimas reservas de agua.

   Lo que ha hecho la naturaleza en este caso es imponer un criterio distributivo en el reparto de los desastres provocados por las aguas. Franceses, belgas, holandeses y alemanes, que se defendieron de los excesos de la naturaleza con toda clase de protecciones, difícilmente pueden entender que en sus países, tan organizados, pueda producirse una catástrofe de este tipo. En la Europa del sur, fatalista y con sensación de impotencia, se aceptan como algo natural. Y natural no de naturaleza, sino como un fenómeno corriente y habitual. En ciertas épocas del año, aquí las lluvias torrenciales se esperan sin necesidad de que las anuncien los meteorólogos.

   Para los ciudadanos de la Europa poderosa estas inundaciones serán una cura de humildad. Creyeron que hasta la naturaleza estaba bajo su control y ahora se les ha desmandado. Se darán cuenta de que lo que nos sucede a nosotros con frecuencia les puede ocurrir a ellos y, por una vez, los ciudadanitos de la desordenada, descohesionada y perezosa Europa del sur nos podemos hacer solidarios con los de la Europa opulenta, metódica y trabajadora.

   JOSEP PERNAU Miércoles, 1 de febrero de 1995 7 OPINIÓN el Periódico