El Periódico de Catalunya - Ed. General

Edición del Domingo 8 de Julio de 2012

página 007
¿Quieres comprar el PDF de esta edición
por sólo 0,89€? Pulsa aquí para comprar ahora.
Ver página en PDF

Transcripción automática del texto

te mensual, prometiendo la devolución posterior no solo es bochornoso y caro, sino que hace desaparecer el efecto protector de la cifra máxima de copago. Si no se está preparado para gestionar ni el límite ni los datos sobre la renta, más vale esperar o diseñar un sistema más sencillo y fácil.

    A los activos no solo se les sigue castigando con un copago de alta intensidad, el 40%, sin límite máximo que proteja a los más enfermos, sino que incluso puede ser del 50% y del 60%. Es un error fijar el porcentaje a pagar según la renta; si alguien pensaba que diseñaba un copago progresivo se ha equivocado: de poco sirve pagar solo un 40% cuando necesitas muchísimas medicinas y acabas pagando mucho al mes. En sentido similar, el límite al copago máxiTripago por receta En las tres decisiones que se acaban de tomar predomina la precipitación y criterios poco rigurosos ¿C uál es el reparto más adecuado entre impuestos y participación del usuario del coste de las pastillas? Los recursos siempre van a salir de nuestro bolsillo, pero cómo salen afecta a la salud y a la distribución de la renta. Siendo este un asunto que desata enconadas pasiones políticas, para avanzar alguna valoración más vale huir de anécdotas y opiniones sin fundamento y acudir al conocimiento científico. Sabemos que un copago elevado empeora la salud y que, al mismo tiempo, la gratuidad absoluta sale muy cara y no mejora la salud.

    De la gratuidad para más de siete de cada diez recetas hemos pasado precipitadamente en una semana a tener tripago: copago, tasa catalana y desfinanciación, que no es más que un copago del 100%.

   El primEro. Lo más positivo es que el nuevo copago español huye de la gratuidad según edad y la limita a los menos favorecidos. Hace pagar un moderado 10% a los pensionistas, en lugar de la gratuidad, pero les protege con un límite máximo mensual de 8, 18 y 60 euros, según sea la renta. El resto de la reforma es ya demasiado mejorable, innecesariamente complicada y muy ineficiente.

    Así, en pacientes crónicos el límite mensual incentiva a acumular recetas en un mes para alcanzar la gratuidad a costa del mes siguiente. Un límite anual evitaría este incentivo y su control sería más ágil. Hacer pagar al paciente como si no hubiera límimo por receta en los tratamientos para crónicos, puesto al día después de estar congelado desde 1995, es insuficiente: el límite debe ser el gasto acumulado que hace una persona por todas las recetas que necesita.

   El sEgundo. La tasa catalana sería más adecuada, pero el problema es que se superpone al nuevo copago español. La tasa es universal, solo exime a los menos favorecidos, es de baja intensidad (un euro), pone un límite anual por persona bastante bajo y se sabe gestionar de manera razonable. Todo lo positivo que tendría la tasa catalana desaparece por la duplicación, que le quita la finalidad disuasoria y la convierte en una tasa puramente recaudadora. Vista esta finalidad, hay dos hechos a comprobar para valorar si debe o no mantenerse ante la dramática caída de ingresos públicos. Primero, el Govern debe demostrar que la tasa sirve para disponer de más y no precisamente de menos recursos para nuestra sanidad pública; solo si hay pruebas de que es así, puede ser aceptable. Y, segundo, conviene tener en cuenta que el céntimo sanitario, comparado con esta tasa, pudiera ser una forma aún menos igualitaria de obtener recursos para la sanidad.

   El TErcEro. Para tomar decisiones de inclusión/exclusión en la cobertura pública quizá sería buen criterio valorar también la evidencia sobre eficacia y costeefectividad, además de considerar el carácter menor de los síntomas. La experiencia indica que desfinanciar medicamentos es una solución extrema, un copago del 100%, que quizá solo se justifica en la ausencia de eficacia. La prudencia, que por ahora brilla por su ausencia, es la mejor guía: decidir con criterios clínicos para identificar atención de bajo valor; valorar la posibilidad de sustitución por otras alternativas más costosas y resultado incierto sobre la salud; y vigilar los aumentos de precios posteriores. Un copago elevado para la atención de menos valor podría ser una alternativa preferible a la desfinanciación total.

    En general, un buen copago debería estar basado en el valor de la atención y no en el precio: más reducido o nulo cuanto más efectivo y necesario sea el tratamiento, y más alto cuanto menos efectivo y menos necesario sea. Los copagos evitables como los de Alemania y Holanda van en esta dirección. Deberíamos hablar de copagos más afinados, basados en el valor, y un valor que no lo determinan ni políticos ni economistas sino la evidencia científica y los clínicos. El coste de no tomarse medicinas efectivas, por ejemplo, después de un infarto, es demasiado elevado como para disuadir aún más a los pacientes de tomárselas imponiendo elevados copagos. H Profesor de la UPF.

   MARÍA TITOS JAUME Puig-Junoy La tasa catalana tiene aspectos positivos que se pierden cuando se superpone a la española Los cambios en la sanidad pública La rueda plusvalía ?versus? valor añadido L a plusvalía es el aumento de valor económico de una propiedad privada o de un objeto que se genera por causas ajenas a la actuación del propietario. Sería el caso de las constantes revalorizaciones de los inmuebles o del suelo edificable antes de la crisis. Cualquier piso valía hoy más que ayer y menos que mañana. Acumular plusvalías puede denotar astucia, pero no tiene mérito. Y, sobre todo, no robustece la economía, solo las cuentas corrientes de la propiedad.

    El valor añadido es la suma de los valores adicionales que adquieren los bienes y los servicios al irse transformando durante el proceso productivo. La harina convertida en pan gana valor añadido. La harina que sube de precio durante un proceso especulativo produce plusvalía, no valor añadido. Es fácil ver que los valores añadidos, tan propios de los auténticos procesos productivos, sí que robustecen la economía, además de mejorar las cuentas de los productores.

    Catalunya tiene una larga tradición de generar valores añadidos. Al no controlar ningún Estado fijador de precios regulados y no tener materias primas exportables, lleva siglos viviendo de generar valor. Compraba algodón o lana y vendía tejidos. Últimamente se ha visto contaminada con la práctica plusvaluista, tan grata a la economía española, dominada por grandes operadores de ventaja (monopolios de derecho o de hecho), continuadores de los administradores de prebendas cortesanas.

    España se ha industrializado, pero tiene aún pendiente la revolución industrial; no es el caso de Catalunya, con el 80% de su PIB generado por la pequeña y mediana empresa. Es decir, por un tejido productivo que depende de los valores añadidos que logra levantar. Cuando hablamos de crecimiento, y más todavía de sotenibilidad, nos referimos a estas cosas. Por eso, libres de manos, saldríamos mejor de esta crisis. Pero el dinero está en poder de los plusvalistas, si no lo perdieron. Es lo que tienen las malas compañías. H RAMON Folch Hablar de crecimiento y sostenibilidad es hablar de producir, no de especular DOMINGO 7 8 DE JULIO DEL 2012